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.:Sunday, August 07, 2005:.
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De mi cofre donde guardo mi colección de atardeceres, uno que otro poema y varios textos como este.

Le gustaba contar las estrellas.

A menudo recordaba las noches en que se sentía vivo, abrazado a su chica, juntos sobre la hierba, hablando por hablar y contando las estrellas. Se recreaban ambos en su brillo, en cómo tapizaban el negro, y él escuchaba cómo ella le explicaba qué constelación era cada cual, y cómo distinguirlas. Inspirándose en esto, él escribía poemas para ella, en los que mencionaba cosas de poetas, como el fuego y el vino y las estrellas.
Nunca se decidió a comprobar si en los ojos de ella, cuando estaban juntos, había también embriaguez y ardor y brillo. Nunca se le ocurrió: quizá no sabía que los ojos de ella tenían más importancia que mil millones de estrellas, tan lejanas e inaccesibles. Quizá, para él, los ojos de ella eran de lo más vulgar.

Con el tiempo, fracasos y desengaños y otras responsabilidades hicieron que el amor acabara. Pero él seguía queriendo tener tiempo -y lo tenía- para contar las estrellas y nombrarlas en sus sonetos. Tiempo muerto y oscuridad, para poder escribir poemas.

Con el tiempo, supo que lo inalcanzable no era de su incumbencia. Y se dio cuenta de que quizá sí debía haber brillo en los ojos de ella. Como también una lejanía que él, con su torpeza e ingenuidad, había contribuido a fomentar. Y aprendió que es mejor mirar en lo infinito y hondo de los ojos de quien te quiere, antes que poder decir que has robado mil millones de miradas y besos.

Aunque también pensaba, para desengañarse quizá, que la nostalgia amplificaba aquellas noches de felicidad. Que era absurdo, una locura, sólo obsesión.
Hasta que, intentando atraer a la musa un día que se sentía especialmente vacío, recordó algo: una canción de su juventud.
Él estaba probando a escribir un poema sobre una tríada de estrellas que puede verse , desde todas partes del mundo, todas las noches. Y la musa vino en forma de frase: "Star me, kitten." No pudo comprobar si esa frase tenía el significado que él le daba, pero estaba seguro de haber leído que la palabra inglesa STAR (en inglés, "estrella") se podía interpretar en ciertos contextos como "tener sexo"... o "hacer el amor". Todo depende del fondo o las intenciones de quien lo diga.
Y entonces entendió que hasta en lo más vulgar había poesía.
Y que aunque él siempre había entendido aquella relación como algo puramente sexual, quizá ni fuera mentira... o lo fuera y valiera la pena.

Decidió no seguir escribiendo. Mejor dicho, no seguir creando.
Ni investigar. No necesitaba saber más, ni quería saberlo.
Sólo dedicó su tiempo de ocio a ordenar sus poemas, relatos y notas; mejorar los fallos y eliminar las carajadas. Y se inventó una mentira que valía la pena, porque daba sentido a su vida: que todos sus poemas estaban dedicados a aquella chica, de forma consciente, subconsciente o inconsciente.
Las estrellas, el vino y el fuego eran sólo motivos estéticos. Las ideas expresadas - los sentimientos, las eternas preguntas, los delirios y sueños de grandeza - eran lo importante... porque expresaban su nostalgia de aquella sola persona, y el ansia de perdón.

"Al fin y al cabo", pensaba, "libros como La Santa Biblia no son más que un puñado de enormes mentiras que ocultan grandes verdades. Se miente para que se te entienda, para que se te escuche. Y libros como este fueron escritos por gente que -como yo- tenía mucho tiempo libre..."










Dedicado a quienes aún luchan por amor.
Y a Sabina, Fontijn y Van der Born.
Diciembre 14 2004.

Now playing: Tormenta Veraniega. Best served with: Mate argentino.
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.:Lo wrote this at: 4:16 PM:.
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