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.:Sunday, May 28, 2006:.
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Suidafrican Blues.


Willem Langeveld es lujo tan dulce como un vinotinto de sudafrica,
Langeveld vive en el apartamento 9 del hotel y siempre que pasa por la recepción esculpe soluetas mientras me cuenta sobre sus años en Capetown, sus viajes por Nabibia, Cuba y La India y su amor por la buena vida.
Langeveld quisiera que yo fuera su hija o su nieta.

Yo quisiera que un hombre como Langeveld fuera mi padre o el abuelo que nunca tuve.


Willem se detuvo en la mitad de la nada a tocar piano de notas imprevistas y así desahogar todas las lágrimas esculpidas de blanco y negro que su corazón había invitado a llorar. Parecía que la sonrisa del peregrino se extinguía como el sonido de sus propios pasos, en algún rincón vacio del alma.

Lo ví con una clase de ancla enterrada en su pecho y la mirada perdida sobre el horizonte, rezando extrañas oraciones crepusculares.
Lo ví, no hace mucho, ensanchando las calles del futuro a golpes de canciones, enterrando monosílabos entre las paredes del silencio.
Lo ví recitando en la lengua de los poetas no nacidos todos los versos desconocidos en la tierra del olvido.

Lo vi desaparecer más allá del espacio-tiempo actual pero sonriendo los sonidos que al final eran los de su voz, majestuosa como el aullido de los lobos en las noches de luna llena. Mágica, cómo los tocados por el único poder del amor.

Si lo ven, sonriánle.
Que este personaje ha comido mierda para vivir la vida como hay que vivirla.
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.:Lo wrote this at: 1:56 PM:.
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